Querido universo:
Gracias por recordarme que la verdadera felicidad yace en mi interior,
nace dentro de mi, surge de mi, nada ni nadie tiene responsabilidad de otorgarme ese placer.
El caos que experimenté, en el que yo misma me puse,
me ubicó de frente a ese vacío que había llenado con expectativas e ilusiones.
En la oscuridad encontré la luz, y ella venía del centro de mi pecho.
Esa luz me enseñó la verdad.
Gracias.
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