Querido Universo:
Empecé un camino sin dirección, preparé una maleta que fui desocupando por el camino, conforme iba avanzando, a mucha prisa, comencé a lanzar flechas a la deriva con el miedo de que se terminaran, cuando ya no tuve ninguna me sentí más libre y sin preocupaciones, podía hacer las que quisiera. Tropecé con piedras de diferentes tamaños, hubo días de tormenta y mucha niebla, pero tambíen viví esos días donde simplemente me detuve a ver el paisaje. Cuando llegaba la noche me posaba bajo un arbol, miles de estrellas iluminaban miles de posibilidades, la luz de la luna jamás me abandonó.
Ahora comprendo el viaje, encontré dirección, ya sé crear y aprovechar las flechas, disfruto cada experiencia del camino, no voy en busca de tesoros, quiero disfrutar del trayecto con calma y felicidad, ya ni me percato de las piedras, pero cuando me encuentro con una, puedo observarla desde la distancia y simplemente paso a su lado. Voy con confianza y ligereza, sé que el lugar a donde voy también espera por mi y se siente como si se moviera hacia mí, en la misma dirección.
Gracias, gracias, gracias, hecho esta.
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